A veces siento tierra en mi boca. Una tierra húmeda, como recién regada. Y entonces se rompe y crece una noche dentro mío… Siempre pensé que habría silencio… un silencio de estatua sin rostro… un silencio pequeñito como un silbo entre las ramas… pero no ¡No hay silencio! ¡Hay un crujir de huesos y de estrellas punzantes!… con filos de plata y de luna… A veces recuerdo un rumor de manos tiesas... el calor sofocante en la garganta… los ojos apretados de dolor y la arena fina recorriéndome los pies… pero mejor no hablar de eso… ¡No! Mejor no hablemos de eso que la noche crece dentro mío… ¡Y yo quiero mares de pie! ¡Y un cielo que se recueste al mirarlo! Aquí todo es frío. Los ojos olvidan las caricias y el llanto estrangula el silencio.


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